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jueves, 12 de octubre de 2017

Cristóbal Colón, el 'genocida cubano'

El monumento de Cristóbal Colón en Barcelona, España Walter Ego
Un día como hoy, 12 de octubre, pero 525 años atrás, Cristóbal Colón arribó a una isla que no figuraba en ningún mapa conocido por él o sus coterráneos. Ello le valió, gracias a los reyes de España, el título de 'Almirante de la Mar Océana' y, siglos después, gracias a la corrección política, el de 'Opresor de los Pueblos Nativos de América'.
Esta doble notoriedad era un destino previsible en alguien cuya existencia ha estado marcada por la sospecha desde la cuna hasta la tumba.

Si un grupo notable de historiadores coinciden en destacar el origen genovés de Cristoforo Colombo —a pesar de que no existe ningún texto del Almirante escrito en italiano y que en sus diarios usa el castellano de sus patrocinadores— otros cronistas fijan su nacimiento en Sevilla, Galicia o en las islas Baleares. Hasta en Cataluña lo han hecho nacer los promotores de un Colón español, un asunto para la polémica si se acepta la existencia de un tal 'Joan Colom' postulada por el historiador peruano Luis de Ulloa Cisneros, y si se acepta también que los catalanes son españoles, otro asunto aún más polémico. Incluso se ha dicho que Colón era 'cubano', pues algunos historiadores han rastreado su origen hasta un poblado portugués llamado Cuba, lo que explica, dicen, los 'lusitanismos' presentes en los diarios de Colón. En cualquier caso, don Cristóbal parece ser el único 'homo sapiens' que puede estar en dos o más lugares a la vez —don de la ubicuidad, lo llaman—, pues si su cuna se presta a la controversia también lo hacen sus restos, que están en España y en República Dominicana.
La historia de Colón inicia realmente el 3 de agosto de 1492, cuando se hizo a la mar a bordo de tres carabelas y tras varios meses de navegación descubrió América. Eso, al menos, es lo que refieren brevemente la mayoría de los libros de Historia y parece difícil amontonar tantos errores en una frase nada compleja, pero suele ocurrir.
Para empezar, Colón "no se hizo a la mar". Había zarpado de Palos, un puerto fluvial, por lo que la navegación empezó en un río. Lo hizo además con solo dos carabelas: 'La Niña' y 'La Pinta', pues la 'Santa María' era una nao, embarcación de mayor calado. Por demás, Colón jamás supo que había descubierto América. Siempre creyó haber llegado a las Indias y cuatro viajes posteriores no alcanzaron a sacarlo de su error, incluso a pesar de no haber encontrado las especias que motivaron su náutico peregrinar. Cuando días después, el 28 de octubre de 1492, llegó a Cuba —isla a la que bautizó como Juana en honor a la infanta que ya crecidita apodarían 'la Loca'—, oyó hablar a los nativos de una región llamada 'Cubanacán' y pensó que se referían a 'la Cuba del Gran Khan', un sujeto cuyo nombre se repetía con frecuencia en los viajes de Marco Polo por Mongolia y China. Fueron los navegantes que le sucedieron quienes se dieron cuenta de que estaban en un nuevo mundo al que Américo Vespucio legaría su nombre por haberlo descrito en un par de textos: 'Mundus Novus' y 'Carta a Soderini'.
La historiografía refiere que hacia el 9 de octubre, Colón conjuró el eventual amotinamiento de su tripulación al pedirle tres días de gracia para encontrar "las Indias" o, de lo contrario, retornarían a España ante lo incierto del viaje. Se conjetura de ello que algo sabía el Gran Almirante de la proximidad de tierra firme, porque sería de tontos haber navegado tanto tiempo para regresarse cuando ya se había desandado la mayor parte del viaje. Colón no era nada tonto —de hecho se embolsó 10.000 maravedíes que la Corona había prometido al primero que avistara tierra—, pero no debe olvidarse que la tripulación que acompañaba a Colón estaba conformada, en su mayoría, por gente de baja ralea con la que era muy mala idea estar en desacuerdo, por lo que se presume que debió haber tenido un gran poder de convencimiento para lograr aquella prórroga salvadora; el mismo poder, por cierto, que tuvo que desplegar antes los reyes católicos para persuadirlos de que le financiaran el viaje a las Indias, si bien los comentarios de la época señalan que su intimidad con la reina fue lo que facilitó en realidad las cosas y que Colón no tuvo que usar mucho la lengua para cautivar a la soberana española, al menos no para hablar.
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Hoy se conoce que, para su viaje, Colón se ayudó de unos mapas mal cartografiados que le hicieron creer que las Indias estaban más cerca de España de lo que se creía y que se podía llegar a ellas navegando hacia el oeste. Los había publicado en un libro titulado 'Geographia' un tal Claudio Ptolomeo, un individuo de ascendencia greco-egipcia que se había creado fama de sabio hacia el siglo II después de Cristo por decir que la Tierra era el centro del Universo y por haber inventado el horóscopo. No culpemos a Colón. Hoy la gente cree en muchas tonterías que se difunden en las redes sociales y el libro era la red social de aquellos tiempos.
Cada 12 de octubre, durante la conmemoración del 'Día de Colón', una estatua del navegante erigida en Nueva York recibe la visita de manifestantes que lo acusan de genocida. A la fecha, las autoridades de la ciudad debaten la posible retirada de la estatua, la cual está ahí desde los tiempos en que se podía cantar la tonadilla burlona de 'los hermanos Pinzones // eran unos mari… neros // que se fueron con Colón // que era otro mari…nero' sin que te tildaran de homofóbico. A ese paso, al rato bajarán de sus pedestales a Rodrigo de Triana, el primero que vio tierra, y a los referidos hermanos Pinzón, armadores de la empresa, por el abominable delito de 'conspiración para cometer genocidio'. No es que Christophorus sea una mansa Columbus ('paloma', según mi escaso latín), pero la acusación resulta un tanto exagerada por dondequiera que se vea. Si de algún 'genocidio' se puede culpar al navegante es, cuando más, el que tiene que ver con el grupo social de los
fumadores de tabaco
, un hábito que dio a conocer en Europa y que se sigue cobrando vidas sistemáticamente hasta estas fechas. O la de seis indígenas que no sobrevivieron a la travesía, de un grupo de diez que llevó a la corte española para mostrarlos como curiosidades de feria. En fin, que si se le quiere fincar a Colón algún delito grave con carácter retroactivo, el único que procede sería el de 'privación ilegal de la libertad' por ese hecho. Hay informes que hablan de que solía castigar a los ladrones cortándoles las orejas y la nariz, pero eso lo convierte en un tipo con muy mal carácter, no en un genocida.
Mark Twain no entendía cuál era el mérito de Colón. Con su ironía habitual apuntaba que navegando hacia el oeste desde España sólo era cuestión de tiempo para que cualquier persona tropezara con América. Lo extraordinario sería que no la hubiese encontrado, dijo.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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