Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Castro y Palestina



Doris Musalem*
La Jornada 
Tras conocerse el fallecimiento de Fidel Castro, el presidente palestino Mahmoud Abbas resaltó el gran apoyo revolucionario del líder cubano hacia la causa palestina, en particular su decisión de romper relaciones diplomáticas con Israel en 1973, situación que continúa hasta hoy con el actual gobierno cubano. Al mismo tiempo, ordenó que las banderas palestinas fueran izadas a media asta para rendir homenaje al líder de la revolución cubana.
En efecto, es bien conocido el apoyo que Cuba ha brindado a los diferentes movimientos de liberación nacional en todo el mundo, especialmente en África y América Latina. Sin embargo, menos conocida es la historia de solidaridad que Cuba ha tenido con el pueblo palestino, víctima permanente de las agresiones por parte del Estado israelí. Yasser Arafat, el líder histórico del pueblo palestino, siempre reconoció el papel de Cuba y de Fidel Castro en apoyo a la causa palestina. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), al recibir la noticia de la muerte del comandante de la revolución cubana, recordó los vínculos entre Fidel Castro y el fallecido presidente palestino Yasser Arafat, así como el hecho de que Cuba fuera una de las primeras naciones en reconocer a la OLP en 1964.
Cabe recordar que en 1975 Cuba fue uno de los promotores de la resolución 3379 de Naciones Unidas que calificaron al sionismo como una forma de racismo y discriminación, misma que fue aprobada mayoritariamente, incluido el voto mexicano.
Al enterarme de la muerte de Fidel Castro, recordé 2001: Cuba fue sede en dicho año de la reunión regional organizada por el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino de las Naciones Unidas, en la cual participamos varios especialistas sobre el tema. Entre los participantes al encuentro tuve la oportunidad de conocer al prestigioso historiador israelí Ilan Pappé, conocido por su posición crítica a Israel y su lucha constante por los derechos del pueblo palestino y cuya obra La limpieza étnica de Palestina es ampliamente conocida. Se encontraba también el máximo dirigente y fundador del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) Schafik Hándal, y que fue invitado en su calidad de diputado del parlamento salvadoreño.
En las conclusiones de la reunión organizada por el Comité de la ONU sobre Palestina, plasmadas en la llamada Declaración de La Habana, se hizo un especial reconocimiento a Fidel Castro y al gobierno cubano por ser la sede del evento.
Otra de las actividades que se llevaron a cabo, paralelas al acto regional, fue la mesa redonda para la televisión cubana sobre Palestina en presencia de Fidel Castro, quien permaneció atento durante las dos horas que duró el programa televisivo escuchando la participación de cada uno de los ponentes que nos encontrábamos en la mesa. Se quedó hasta el final y se acercó para estrechar la mano a cada uno de los participantes, gesto auténtico de quien se preocupó hasta los últimos días de su vida por los derechos del pueblo palestino.
Al final de la reunión de Naciones Unidas, el líder cubano estuvo al frente de una manifestación popular de solidaridad con Palestina que se llevó a cabo en la Plaza de la Revolución de La Habana, donde Shafick Hándal dio un emotivo y vehemente discurso en favor de la independencia de Palestina.
Pocos días después del evento, el líder palestino Yasser Arafat le escribió una carta a Fidel Castro donde decía: Con profunda emoción vi la imagen de vuestra excelencia con el kufiyyeh palestino en sus hombros al frente de una manifestación popular de solidaridad con la lucha de nuestro heroico puebloSu toma de posición y ejemplo nos da más ánimo y decisión para continuar la lucha, la resistencia y la Intifada para sacar a los ocupantes israelíes de nuestro país.
Recientemente, persistente en su solidaridad con el pueblo palestino, el líder cubano calificó el bombardeo israelí contra Gaza en julio de 2014 –recordemos que el saldo fue de 2 mil 251 muertes palestinas, entre las cuales 551 eran niños (ONU), y con más de 10 mil heridos– como un macabro genocidio.
Fidel Castro, atento al desarrollo político del conflicto palestino-israelí, no dudó en criticar el discurso de Obama que pronunció en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2011 por su falta de ética y moral en su intento de querer justificar lo inexplicable y lo injustificable: el veto de su país a una resolución en la ONU a favor de reconocer a Palestina como estado independiente y miembro de la ONU.
El apoyo a Palestina de hombres de la talla universal como Fidel Castro y Nelson Mandela –quien declaró que Israel perpetuaba un sistema de discriminación racial y de desigualdad, encarcelando y torturando sistemáticamente a miles de palestinos, en violación flagrante a las reglas del derecho internacional y llevando a cabo una guerra contra la población civil y en particular contra los niños– ha contribuido a que no se oculte la justeza de la lucha del pueblo palestino por su independencia.
La desaparición de Fidel Castro representa una pérdida irreparable para el pueblo palestino. Apoyó su causa con fuerza, valentía y tenacidad ante un mundo que permanece indiferente ante la profundidad de la tragedia palestina.
* Investigadora de la UAM

Los mexicanos, chivos expiatorios de Trump


Rafael Landerreche

Mientras los observadores políticos manifiestan su desconcierto por los vaivenes y ambigüedades de Trump a la hora de nombrar a sus colaboradores y definir sus políticas, una cosa es prácticamente cierta: lo que sí llevará adelante el republicano será su política antimigratoria y racista. La razón es muy sencilla: no ganó por haber propuesto una nueva política económica alternativa (que no tiene), sino por su discurso  antinmigrantes. Y en esto evidentemente los mexicanos llevamos la peor parte, aunque no somos los únicos. Para entender mejor esto y sus implicaciones, conviene echar una ojeada a los mecanismos de la victimización del otro, al sacrificio del chivo expiatorio, cuyos mecanismos fueron develados como nadie lo había hecho por el antropólogo René Girard, fallecido justo un año antes de la elección de Trump.

En esencia, el mecanismo del chivo expiatorio consiste en la transferencia de todo el mal –personal y/o social– a un objeto externo. Destruyendo el objeto externo, se destruye el mal, y la armonía y el orden sociales son restaurados en plenitud. Parece demasiado sencillo para ser problemático. El racionalismo más superficial, marcado por el simplismo positivista, se contentó con decir que eso era pensamiento mágico y que había sido superado por el avance de la ciencia. El genio de Girard consistió en mostrar que, mágico o no, el mecanismo funciona, que sigue funcionando aunque ya no con la misma eficacia en las sociedades modernas. Aquí tenemos en pleno siglo XXI a una parte considerable de la sociedad más avanzada del mundo creyendo firmemente que expulsando a los mexicanos se resolverán sus problemas económicos. La otra parte de la crítica de Girard al positivismo está preñada de lecciones prácticas para el momento actual: en la medida en que el fenómeno del chivo expiatorio ha sido superado, lo ha sido no por el avance de la ciencia, sino por el avance de algo virtualmente desconocido fuera del mundo judeocristiano: la conciencia de la inocencia y de los derechos de las víctimas.

El mecanismo del chivo expiatorio funciona canalizando todas las violencias sociales (inmanejables) a una sola violencia (supremamente manejable), restableciendo la concordia, la unanimidad y el bienestar social por la fuerza del mimetismo. Por medio de ese mimetismo el mecanismo sacrificial desata un poderoso proceso de eliminación de la disidencia y producción del consenso social, pues cualquiera que se atreva a ofrecer aunque sea la más mínima defensa de la víctima es inmediatamente identificado con la víctima y condenado a correr la misma suerte que ella. Hay que recordar a Bush declarando tras el ataque a las Torres Gemelas que quien no estuviera en favor de la lucha contra el terrorismo era un aliado del terrorismo, o aquí mismo en México, durante la guerra de Felipe Calderón contra la delincuencia organizada, cuando cualquiera que se atreviera a cuestionar moderadamente la guerra calderonista era estigmatizado como defensor de los delincuentes.

Dice Girard que, en su versión más pura, el ritual del sacrificio expiatorio produce la unanimidad en la sociedad. Este punto es fundamental, porque unanimidad y eficacia son directamente proporcionales. En la medida en que no hay unanimidad, el mecanismo deja de ser eficaz. Esto no impide que se siga utilizando, pues mal que bien continúa produciendo sus efectos y las sociedades modernas han vivido en buena medida de obtener consensos relativos mediante la explotación de este mecanismo. Bush efectivamente experimentó un ascenso de popularidad después de declarar la guerra al terrorismo, y no faltan los paralelismos en el caso de Calderón. Sin embargo, una vez sometido a esta limitación, el recurso del chivo expiatorio está sujeto a la ley de los rendimientos decrecientes, y quienes manejan los hilos del control social se ven obligados a andar buscando cada vez nuevos chivos expiatorios, cuya utilidad será cada vez menor en eficacia y duración.

Ahí radica precisamente el aporte de Trump que le valió ganar las elecciones: no sólo en darse cuenta de que los viejos chivos expiatorios estaban demasiado desgastados, sino en saber ofrecer uno nuevo para satisfacer las exigencias del público; por algo es un magnate del show business. Sus adversarios medio se dieron cuenta de lo primero, pero fallaron en lo segundo: sin el filo del comunismo los rusos ya no asustan igual (por eso Trump se deslindó de los ataques contra Rusia). En cuanto al terrorismo, sigue asustando, pero había que darle una remozada. Lo que hizo Trump fue dar a las amenazas un tinte menos geopolítico y más doméstico. Al tema de la inseguridad ya sobrexplotado le añadió lo que los gestores del neoliberalismo no podían ver: el desempleo. Combinando los dos salió con su gran idea. ¿Qué mejor que un muro para dar  seguridad a los de dentro y mantener fuera a los que se roban los empleos? ¡El show va a comenzar! Bienvenidos a la presentación de la nueva estrella (expiatoria): los mexicanos. Y a sus seguidores se les hace tarde para que empiece el sacrificio.

En medio de todas las ambigüedades e incertidumbres provocadas por la victoria de Trump, de dos cosas podemos estar bastante seguros: 

1) Que va a intentar llevar a cabo sus políticas antinmigrantes, porque esa es la única propuesta concreta que tiene, y 

2) Que no le va a funcionar; no sólo por la diversidad y la división de la sociedad de Estados Unidos, sino –y esto es lo más importante y esperanzador– porque la conciencia de los derechos de los migrantes está viva y actuando, desde el alcalde de Nueva York diciendo en su cara a Trump que su ciudad no va a apoyar sus  políticas, hasta un sheriff de California visitando a los hijos de los migrantes para decirles que su oficina no colabora con la Migra, pasando por los miles de ciudadanos (ahora tendrían que ser cientos de miles) organizados para acoger y defender a los migrantes y, naturalmente, por los migrantes mismos, que tienen ante sí el enorme reto de dar un salto cualitativo en conciencia y organización políticas.

Es claro que los problemas de la migración masiva y del rechazo racista a la misma no son exclusivos de Estados Unidos; los mexicanos no podemos darnos el lujo de vernos sólo como víctimas, cuando aquí se atropella y hasta masacra a los indocumentados. A pesar de simplismos y exageraciones en la comparación, es verdad que mundialmente estamos bajo la amenaza de algo muy parecido al nazismo. Pero, a diferencia de lo que pasó hace poco más de medio siglo, ahora la forma de enfrentarlo no pasa por la confrontación militar y ni siquiera por los frentes antifascistas de antaño. La línea de resistencia se empieza a trazar en algo tan elemental como dar de beber al sediento y dar posada al forastero. Así de fácil. Tan sencillo y tan claro como el juicio final.

La libertad no se alcanza en el mall

Image result for funeral fidel castro plaza de la revolucionCarolina Escobar Sarti
Ha muerto Fidel, y el tema de la libertad vuelve a la superficie del mundo. Frente a esto, y viviendo en Guatemala, hay preguntas que surgen, entre muchas más que quedan pendientes. ¿Cuán libre es una persona que no sabe ni siquiera escribir su nombre o leer el de otra? ¿Cuán esclavo es quien no puede salir de su país? ¿Cuán libre es quien no puede elegir a sus gobernantes o quien vota pero realmente no elige? ¿Cuán esclavo es quien camina con miedo por las calles de su ciudad o los caminos de su aldea? ¿Cuán libre es quien no tiene dinero para comprar la medicina que necesita, aunque tenga diez marcas entre las cuales elegir? ¿Cuán libre es quien nunca ha podido plantear, cuestionar o debatir una idea? ¿Cuán libre es quien vive en una ciudad donde hay cuatro centros comerciales en un radio de cinco kilómetros, pero no tiene cómo comprarse un pan o ir a un hospital donde le traten con dignidad?
A la palabra libertad la han convertido en una meretriz prisionera. Elegir una marca de jabón por encima de otra no nos hace libres; la libertad es otra cosa. Es, esencialmente, vivir sin miedo. Por eso, cuando se habla tan apasionada y estrechamente de las dictaduras, desde cualesquiera de las catedrales del pensamiento binario, queda una sensación de incomodidad. A mí no me gusta ninguna dictadura, ni las del capital, ni las mediáticas, ni las de facto. Tampoco soy adepta de ninguna orden religiosa, política o de otra índole, que me lleve al endiosamiento o satanización, a partir de dogmas que no pueden cuestionarse. Así que Fidel no es para mí ni Dios ni diablo. Reconocimiento no es idolatría. No es para mí el asesino que se ha vendido en los grandes medios de comunicación desde hace 50 años o el impoluto hombre que jamás cometió errores. Es un indiscutible estadista y líder de la historia política del mundo contemporáneo, a quien el poder también doblegó e hizo dictador. No soy tibia por no complacer a los reaccionarios de derecha e izquierda, y sé que sería más fácil meterme en gavetas donde las recetas ideológicas están ordenadas y listadas. Me considero, en primer lugar, una humanista y una mujer que piensa por sí misma, siempre escuchando las voces del mundo. Y desde allí leo lo que pasa.
Me llamó la atención que muchas estatuas de dictadores han sido derribadas por los pueblos sometidos, al momento que estos mueren o caen. A Fidel lo despidieron millones de personas al grito de ¡Yo soy Fidel! Esto tiene algo que decirnos, al mismo tiempo que afirma los resultados de las reconocidas políticas sociales implementadas en la isla y su solidaridad con otros países del mundo. En ese sentido, Cuba ha sido un país de vanguardia y ha ido moviéndose al ritmo de la gran historia desde que enfrentó, entre 1960 y 1962, a un Estados Unidos que le impuso el bloqueo comercial, económico y financiero. En todos estos años, Fidel fue convertido en una leyenda, para bien y para mal.
Es cierto, muchos cubanos se han ido a Estados Unidos buscando la “libertad”. Pero es insuficiente argumento para describir una dictadura. De Guatemala también se han ido casi dos millones de guatemaltecos buscando el sueño americano. Aunque no haya sido por razones estrictamente políticas, de acá se siguen yendo por todas las otras razones, como ahora huyen tantos de muchos países “democráticos”. Teóricamente, Guatemala es una democracia, pero estamos en los primeros lugares mundiales de violencia, desigualdad, impunidad, inseguridad, corrupción, desnutrición, falta de educación y salud. Podemos salir cuando querramos y tenemos “malls” hasta para tirar, pero a la mayoría no le sirve. Por otra parte, es innegable el control que el gobierno cubano tuvo y tiene sobre su ciudadanía, pero recuerdo que Snowden y Assange le mostraron al mundo cómo lo hace Estados Unidos. Y acá tampoco salimos inmunes de esa práctica de Estados totalitarios y policiales. En fin, la libertad sigue siendo para muchos el horizonte, así que nos corresponde entender qué significa, y sobre todo, entender que la libertad de pocos a costa de la esclavitud de muchos no es libertad.

El hoy de nuestra América Latina. . . .09-12-2016










LA PRENSA LATINA
La Habana, 9 dic (PL) Más que una comedia, El ciudadano Ilustre resulta ''honestamente brutal'', enfatizó hoy aquí el actor argentino Dady Brieva, tras el estreno del filme la víspera en la inauguración del 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Managua, 9 dic (PL) Tanto el gobierno de Nicaragua como los ciudadanos despliegan por estos días múltiples iniciativas para despedir el 2016 por todo lo alto, en un ambiente de paz y celebraciones.
Buenos Aires, 9 dic (PL) Las autoridades argentinas llamaron hoy a la población a mantener las acciones de limpieza en los hogares para evitar casos de dengue, zika y chikungunya.
La Habana, 9 dic (PL) El catálogo de los Estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica acapara hoy una de las secciones en competencia del XXXVIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana.
Luanda, 9 dic (PL) El presidente angoleño, José Eduardo dos Santos, recalificó hoy el proyecto urbanístico de Sambizanga, el cual recibió agudas críticas por no haber garantizado el reacomodo de las familias afectadas.
Panamá, 9 dic (PL) El incremento de las importaciones y la falta de apoyo del Gobierno generan pérdidas y desinterés entre los productores panameños de cebolla y arroz, dos de los rublos de mayor consumo en la población.
Washington, 9 dic (PL) El mandatario electo de Estados Unidos, Donald Trump, solicitó al presidente de Goldman Sachs, Gary Cohn, que dirija el Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, divulgaron hoy medios locales.
Londres, 9 dic (PL) El primer ministro de Gales, Carwyn Jones, evaluó hoy que renglones básicos de la economía de su país sufrirán afectaciones si ocurre una ruptura con el mercado europeo, como consecuencia del Brexit.
Juba, 9 dic (PL) Dos niñas nigerianas portadoras de explosivos los detonaron hoy en una operación suicida dentro de un mercado en Madagali, en el noreste del país, y causaron 30 muertos y varios heridos, dijo un portavoz militar.
Roma, 9 dic (PL) El 155 Consejo de la FAO aprobó hoy la creación de un departamento de Clima, biodiversidad, tierra y agua encargado de apoyar los esfuerzos de los países para adaptar sus sistemas alimentarios al cambio climático.

LA RADIO DEL SUR

REBELION
Viernes, 09 de diciembre de 2016
Cuba
“Fidel es como Prometeo, que repartió la luz entre los hombres”, dice el cantautor en esta entrevista
Silvio Rodríguez, detrás de la guitarra
Javier Larraín Parada

Economía
Sobre empoderamiento popular
Diez propuestas para no repetir la capitulación que hemos conocido en Grecia
Éric Toussaint

Palestina y Oriente Próximo
El comienzo del fin para Alepo
Bachir el-Khoury

América Latina y Caribe
Bogotá y Ciudad de México, capitales de la segregación y de la “limpieza social” en contra de los habitantes de calle
Cristiano Morsolin

Palestina y Oriente Próximo
El congreso del Fatah, un hermosa ocasión desperdiciada
Abdel Bari Atwan

Vídeos rebeldes
Un documental que no puedes perderte [51.35 min.]
Investigación Médica: Houston, tenemos un problema
Álvaro Toepke

Cuba
Cuba, Francia, Estados Unidos y la cuestión de los derechos humanos
Salim Lamrani

América Latina y Caribe
Transparencia también tiene sus privilegiados
Marco A. Gandásegui h.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Fidel Castro y la represión contra los intelectuales


La dictadura mediática en la era de la post-verdad

La muerte de Fidel Castro ha dado lugar -en algunos grandes medios- a la difusión de cantidad de infamias contra el Comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido por tanto aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país.
Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes es natural, efectivamente, que hablemos de ‘’represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes ? Un sistema que no acepta la contradicción por muy argumentada que sea. Un sistema que establece una ’verdad oficial’ y no tolera la transgresión. Semejante sistema tiene un nombre, se llama : ‘tiranía’ o ‘dictadura’. No hay discusión.
Como muchos otros, yo viví en carne propia los azotes de ese sistema... en España y en Francia. Es lo que quiero contar.
La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro « Fidel Castro. Biografía a dos voces » -o « Cien horas con Fidel »- (Edit. Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario « El País » (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista- mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío, ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario « El País » deduciría que fallecí hace una década...
Lo mismo en « La Voz de Galicia », diario en el que yo escribía también, desde hacía años, una columna semanal titulada « Res Publica ». A raiz de la edición de mi libro sobre Fidel Castro, y sin tampoco la mínima excusa, me reprimieron. Dejaron de publicar mis crónicas. De la noche a la mañana : censura total. Al igual que en « El País », ninguneo absoluto. Tratamiento de apestado. Jamás, a partir de entonces, la minima alusión a cualquier actividad mía.
Como en toda dictadura ideológica, la mejor manera de ejecutar a un intelectual consiste en hacerle ‘desaparecer’ del espacio mediático para ‘matarlo’ simbólicamente. Hitler lo hizo. Stalin lo hizo. Franco lo hizo. Los diarios « El País » y « La Voz de Galicia » lo hicieron conmigo.
En Francia me ocurrió otro tanto. En cuanto las editoriales Fayard y Galilée editaron mi libro « Fidel Castro. Biographie à deux voix » en 2007, la represión se abatió de inmediato contra mí.
En la radio pública « France Culture », yo animaba un programa semanal, los sábados por la mañana, consagrado a la política internacional. Al publicarse mi libro sobre Fidel Castro y al comenzar los medios dominantes a atacarme violentamente, la directora de la emisora me convocó en su despacho y, sin demasiados rodeos, me dijo : « Es imposible que usted, amigo de un tirano, siga expresándose en nuestras ondas. » Traté de argumentar. No hubo manera. Las puertas de los estudios se cerraron por siempre para mí. Ahí también se me amordazó. Se silenció una voz que desentonaba en el coro del unanimismo anticubano.
En la Universidad Paris-VII, yo llevaba 35 años enseñando la teoría de la comunicación audiovisual. Cuando empezó a difundirse mi libro y la campaña mediática contra mí, un colega me advirtió : « ¡Ojo ! Algunos responsables andan diciendo que no se puede tolerar que ‘el amigo de un dictador’ dé clases en nuestra facultad... » Pronto empezaron a circular por los pasillos octavillas anónimas contra Fidel Castro y reclamando mi expulsión de la universidad. Al poco tiempo, se me informó oficialmente que mi contrato no sería renovado... En nombre de la libertad de expresión se me negó el derecho de expresión.
Yo dirigía en aquel momento, en París, el mensual « Le Monde diplomatique », perteneciente al mismo grupo editorial del conocido diario « Le Monde ». Y, por razones históricas, yo pertenecía a la ‘Sociedad de Redactores’ de ese diario aunque ya no escribía en sus columnas. Esta Sociedad era entonces muy importante en el organigrama de la empresa por su condición de accionista principal, porque en su seno se elegía al director del diario y porque velaba por el respeto de la deontología profesional.
En virtud de esta responsibilidad precisamente, unos días después de la difusión de mi biografía de Fidel Castro en librerías, y después de que varios medios importantes (entre ellos el diario « Libération ») empezaran a atacarme, el presidente de la Sociedad de Redactores me llamó para transmitirme la « extrema emoción » que, según él, reinaba en el seno de la Sociedad de Redactores por la publicación del libro. « ¿Lo has leído ? », le pregunté. « No, pero no importa -me contestó- es una cuestión de ética, de deontología. Un periodista del grupo ‘Le Monde’ no puede entrevistar a un dictador. » Le cité de memoria una lista de una docena de auténticos autócratas de Africa y de otros continentes a los que el diario había concedido complacientemente la palabra durante décadas. « No es lo mismo -me dijo- Precisamente te llamo por eso : los miembros de la Sociedad de Redactores quieren que vengas y nos des una explicación. » « ¿Me queréis hacer un juicio ? Un ‘proceso de Moscú’ ? Una « purga » por desviacionismo ideológico ? Pues vais a tener que asumir vuestra función de inquisidores y de policías políticos, y llevarme a la fuerza ante vuestro tribunal. » No se atrevieron.
No me puedo quejar ; no fui encarcelado, ni torturado, ni fusilado como le ocurrió a tantos periodistas e intelectuales bajo el nazismo, el estalinismo o el franquismo. Pero fuí represaliado simbólicamente. Igual que en « El País » o en « La Voz », me « desaparecieron » de las columnas del diario « Le Monde ». O sólo me citaban para lincharme.
Mi caso no es único. Conozco -en Francia, en España, en otros países europeos-, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a la ‘invisibilidad’ y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar el ‘dogmatismo anticastrista obligatorio’. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos, país de la « caza de brujas », fue condenado al ostracismo por los grandes medios que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.
Esto no ocurrió hace cincuenta años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestras ‘democracias mediáticas’. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mi trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿ No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado ? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?
¿ Acaso la tolerancia no es la base misma de la democracia ? Voltaire definía la tolerancia de la manera siguiente : « No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted afirma, pero lucharía hasta la muerte para que tenga usted el derecho de expresarse. » La dictadura mediática, en la era de la post-verdad, ignora este elemental principio. 

Estados Unidos, el país más peligroso de la Tierra


¿Ha sido el 8 de noviembre un nuevo 11 de septiembre?
TomDispatch

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García


Las elecciones que cambiaron todo y podrían ser el factor decisivo de la Historia
Durante décadas, Washington tuvo la costumbre de utilizar la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) para sabotear a gobiernos del pueblo, ejercidos por el pueblo y para el pueblo que no eran de su gusto y reemplazarlos con gobiernos sumisos [elija el tipo de su preferencia: junta militar, shah, autócrata, dictador...] en todo el planeta. Hubo el tristemente célebre golpe de Estado organizado por la CIA y los ingleses que en 1953 derribó al gobierno democrático iraní de Mohammad Mosadegh y en su lugar colocó en el poder al Shah (y a su policía secreta, la SAVAK). En 1954, hubo el golpe de Estado de la CIA contra el gobierno de Jacobo Arbenz que instaló a la dictadura militar de Carlos Castillo Armas; también en 1954, hubo la acción de la CIA para hacer que Ngo Dinh Diem se hiciera con el mando en Vietnam del Sur; en 1961, hubo la conspiración –CIA-belgas– para asesinar al primer ministro Patrice Lumumba –el primero de ese país–, que se concretó finalmente en la dictadura militar de Mobutu Sese Seko; en 1964, hubo el golpe de Estado realizado por los militares y respaldado por la CIA que derribó al presidente –elegido democráticamente– João Goulart y entregó el poder a una junta militar; y, por supuesto, en septiembre de 1973 (el primer 11-S), hubo el golpe de Estado militar, respaldado por Estados Unidos, que derrocó y asesinó al presidente de Chile, Salvador Allende. Bueno, el lector ya está haciéndose una idea...
De este modo, en su calidad de guía de lo que entonces se llamaba “el Mundo Libre”, Washington ha trabajado sin cesar y a su antojo. A pesar de que esas operaciones eran llevadas a cabo en forma encubierta, cuando llegaban a conocerse, los estadounidenses, orgullosos de sus tradiciones democráticas, generalmente han permanecido imperturbables en relación con lo que en su nombre la CIA había hecho a las democracias (y a otros tipos de gobierno) más allá de sus fronteras. Si Washington otorgaba repetidamente el poder a regímenes de un tipo que los estadounidenses hubiéramos considerado inaceptables para nosotros mismos, en el contexto de la Guerra Fría, no se trataba de algo que nos quitara el sueño.
Esas acciones han permanecido como mínimo encubiertas; esto sin duda muestra que no se trataba de algo que pueda pregonarse con orgullo a la luz del día. Sin embargo, en los primeros años de este siglo surgió otro modo de pensar. En la estela de los ataques del 11-S, la expresión “cambio de régimen” adquirió categoría de normalidad. Como un curso de acción posible, ya no había nada que debiera ocultarse. En lugar de ello, la cuestión fue discutida abiertamente y llevada adelante a la luz plena de la atención mediática.
Washington ya no recurriría a una CIA que conspiraba en la oscuridad para deshacerse de algún gobierno aborrecido y poner en su lugar a otro más manejable. En lugar de eso, en se calidad de “única superpotencia” del planeta Tierra, con unas fuerzas armadas presumiblemente más allá de toda comparación o desafío, la administración Bush reclamaría el derecho de desplazar sin rodeos, expeditiva y descaradamente a los gobiernos que ella despreciaba mediante el sencillo empleo de la fuerza militar. Después, la administración Obama tomaría el mismo camino recurriendo a los lemas “intervención humanitaria” o “responsabilidad de proteger” (R2P, por sus “siglas” en inglés). En este sentido, el cambio de regímenes y la R2P se convertirían en una abreviatura del derecho –de la derecha de Washington– de derrocar gobiernos a plena luz del día mediante misiles de crucero, drones y helicópteros Apache, por no hablar de las tropas, si eran necesarias (por supuesto, el Irak de Saddam Hussein sería el primer objeto de exposición; le seguiría en importancia la Libia de Muhammar Gaddafi).
Con esta historia y los resultados de las últimas elecciones en la mente, hace poco tiempo empecé a preguntarme si acaso, en 2016, el pueblo estadounidense había dejado a un lado a la CIA y empezado –como posibilidad– a hacer él mismo lo que la Agencia (y más recientemente las fuerzas armadas de Estados Unidos) había hecho a los demás? En otras palabras, en la más extraña de las elecciones de nuestra vida, ¿puede ser que solo hayamos visto algo parecido a un golpe de Estado democrático en cámara lenta o alguna forma de cambio de régimen en el ámbito nacional?
Solo el tiempo lo dirá, pero he aquí un indicio de esa posibilidad: por primera vez, una parte de la seguridad nacional intervino directamente en las elecciones de Estados Unidos. En este caso, no fue la CIA sino nuestro principal organismo de investigación en el entorno nacional: el FBI. En su interior, como hoy lo sabemos, se ha despotricado y conspirado contra uno de los dos candidatos a la presidencia antes de que su director, James Comey, con franqueza –incluso, con descaro– entró en la disputa cuando faltaban 11 días para el desenlace. Y lo hizo con un asunto que, aun en su momento, parecía al menos flojo –si no sencillamente falso– y se llevó por delante firmes tradiciones del FBI respecto de los periodos electorales. Al hacerlo, es por cierto muy probable que esa intervención haya cambiado el curso del proceso eleccionario, un tópico en el resto del mundo pero un momento único en este país.
La administración de Donald Trump, que en estos momentos se está llenando de racistas, islamófobos, iranófobos y un surtido de colegas multimillonarios, ya tiene el aire de un gobierno en formación crecientemente militarizado y autocrático, que favorece a militaristas blancos y poco dados al humor, que no se toman las críticas a la ligera y reaccionan rápidamente ante un golpe. Además, el 20 de enero, este equipo verá que tendrá en sus manos unas enormes potestades represivas de todo tipo, unas potestades que van desde la tortura hasta la vigilancia generalizada, unas potestades que han sido extraordinariamente institucionalizadas a partir de los años posteriores al 11-S en coincidencia con el surgimiento del estado de la seguridad nacional como el cuarto poder de gobierno, unas potestades que algunos de ellos están claramente impacientes por probar.
Retroceso e impulso hacia adelante: la historia de nuestro tiempo
Después de que Washington decidiera en 1979 encargar a la CIA el pertrechamiento, la financiación y el adiestramiento de los más extremistas y fundamentalistas musulmanes afganos (y otros) para que la Unión Soviética se enfrentara con una situación parecida a la sufrida por Estados Unidos en Vietnam, hicieron falta 22 años para que la inversión estadounidense en los radicales islámicos se hiciera notar en casa con toda su fuerza. En la cuenta de las reacciones habría una instalación militar estadounidense en Arabia Saudí hecha saltar por los aires, dos embajadas de Estados Unidos atacadas con bomba y un destructor estadounidense gravemente averiado en el puerto de Aden. Pero fueron las atentados del 11-S los que de verdad pusieron la reacción enemiga en el mapa de este país (y, muy apropiadamente, convirtió el libro de Chalmers Johnson* con ese título en un éxito editorial). Esos ataques de al-Qaeda, cuyo costo estimado no pasó de los 400.000 dólares apuntaron a tres edificios paradigmáticos: el World Trade Center (la representación del poder económico de Estados Unidos), en Manhattan; el Pentágono (el poder militar), en Washington; y, presumiblemente, la Casa Blanca o el Capitolio (el poder político), hacia donde sin duda se dirigía el avión del vuelo 93 de United Airlines cuando se estrelló en un campo de Pennsylvania. La intención de estos ataques, realizados por 19 secuestradores aéreos –saudíes en su mayor parte–, era asestar un golpe devastador a la autoestima estadounidense, y lo consiguieron.
En respuesta, la administración Bush lanzó la guerra global contra el terror (GWOT –por sus siglas en inglés–, uno de los peores acrónimos de la historia), conocida también por sus furibundos promotores como “la Guerra Prolongada” o la “Cuarta Guerra Mundial”. Considere el lector esta “guerra”, que incluyó en ella la invasión y ocupación de dos países –Afganistán e Irak– como una especie de “impulso hacia adelante”, o una segunda inversión –enorme y de largo plazo– de tiempo, dinero y vidas de extremistas islámicos, que no hizo otra cosa que consolidar más aún el fenómeno en nuestro mundo, ayudar a reclutar más militantes y a propagarlo en todo el planeta.
Para decirlo con otras palabras, la relativamente modesta inversión de 400.000 dólares de Osama bin Laden llevaría a que Washington literalmente se lanzara a derrochar billones de dólares en unas guerras e insurrecciones que no han hecho más que extenderse y a poner en su mira a organizaciones terroristas –cada vez más cambiantes– del Oriente Medio y África. El resultado de años de acciones bélicas que han escapado a todo control y llevado al desastre a una vasta región ha acabado en lo que yo he llamado el “imperio del caos” y propiciado un tipo de reacciones enemigas en el ámbito nacional, reacciones que cambiarían y distorsionarían la naturaleza del gobierno y la sociedad de Estados Unidos.
Hoy en día, después de 37 años de la primera intervención en Afganistan y 15 años después de la segunda, en la estela de unas elecciones en este país, la reacción contraria respecto de la guerra contra el terror –sus mandos, su mentalidad, sus obsesiones, su ansiedad por militarizarlo todo– ha llegado a casa con mucha fuerza. De hecho, acabamos de tener lo que algún día quizá sea visto como las primeras elecciones al estilo 11-S. Y, con ellas, vistas las enloquecidas propuestas de expulsar o registrar a los musulmanes, o a quienes se les parezcan. La guerra literal contra el terror está amenazando con aposentarse también en casa con toda intensidad. Sabiendo lo que sabemos sobre los “resultados” en tierras distantes en los últimos 15 años, esto de ninguna manera puede ser una buena noticia (por ejemplo, según un informe muy reciente [de The Daily Beast] el temor a ser perseguidos está creciendo entre los musulmanes que trabajan en el Pentágono, la CIA, y el departamento de Seguridad Interior; con los sentimientos islamofóbicos que ya se hacen notar en la administración Trump que se esta formando, es posible concluir que esto no acabará bien).
¿El factor decisivo de la Historia?
El 12 de septiembre de 2001 era muy difícil tratar de adivinar qué consecuencias tendría en Estados Unidos y el mundo el impacto producido por los ataques del día anterior, por eso no tiene sentido perder el tiempo en especular adónde nos conducirán en los años venideros los acontecimientos del 8 de noviembre de 2016. En el mejor de los tiempos, la predicción es un ejercicio arriesgado; generalmente, el futuro es un agujero negro. Pero hay una cosa que parece ser probable en medio de las tinieblas: con los generales (y otros oficiales de alta graduación) que han conducido las fracasadas guerras de Estados Unidos estos últimos años dominando en la estructura de la seguridad nacional de una futura administración Trump, nuestro imperio del caos (incluyendo tal vez el cambio de régimen) ciertamente ha llegado a casa. Es algo razonable ver el triunfo de Donald Trump y su fracción de derecha corporativista –o “populismo” multimillonario– y la marea de creciente racismo blanco que ha acompañado a este racismo como un impacto estilo 11-S en el mundo de la política, aunque acabe siendo una versión en cámara lenta del acontecimiento que propició su aparición.
Al igual que con el 11-S, una historia –larga y cargada de reacciones hostiles– precedió a la victoria de Donald Trump del 8 de noviembre. Esa historia incluye la institucionalización de la guerra permanente como una forma de vida en Washington, el crecimiento de un poder autónomo y la preeminencia del estado de la seguridad nacional; todo esto acompañado del desarrollo y la legalización de los poderes más opresivos del Estado, entre ellos la invasiva vigilancia de todos los tipos imaginables, el regreso, desde los campos de batalla más remotos, de la tecnología y la mentalidad de la guerra permanente y la capacidad de asesinar a quienquiera que la Casa Blanca elija matar (incluso a ciudadanos estadounidenses). Además, en relación con las reacciones contrarias, en el ámbito nacional sería necesario incluir el resultado del fallo de 2010 llamado “Citizens Unites” (Ciudadanos unidos) del Tribunal Supremo, que permitió liberar pasmosas sumas de dinero corporativo y del 1 por ciento que está en la cúspide de una sociedad cada vez más desigual para llenar las arcas de un sistema político (sin el cual habría sido impensable la existencia de una presidencia y un gabinete de multimillonarios).
Tal como escribí a principios de octubre, “...una parte significativa de la clase trabajadora blanca siente como si –sea económicamente, sea psicológicamente– tuviera la espalda contra el muro y ya no quedara un sitio adónde ir. Es evidente que en estas circunstancias, muchos de esos votantes han decidido que están preparados para lanzarse literalmente contra la Casa Blanca; están dispuestos a aprovechar el derrumbe del tejado, incluso aunque éste les caiga encima.”. Entonces, tomemos la elección de Donald Trump como el triunfo del terrorista suicida –en este caso, el trabajador blanco– enviado al Despacho Oval para que, como dicen todos ahora muy educadamente, “sacudir las cosas”.
En un momento que, en tantos sentidos, está lleno de extremismo y en el que los yihadistas del estado de seguridad nacional están claramente dispuestos a todo, es posible quizás que las elecciones de 2016 acaben siendo el equivalente en cámara lenta a un golpe de Estado en Estados Unidos. Donald Trump, como otros populistas de derecha antes que él, tiene un temperamento con tendencia no solo a la demagogia (como lo demostró en la campaña presidencial), sino también al autoritarismo en su versión estadounidense, sobre todo desde que en los últimos años –en términos de pérdida de derechos y de reforzamiento de los poderes del Estado– este país ya se ha movido hacia la autocracia, aunque esta realidad sea poco percibida.
Fuera cual fuera la forma en que los acontecimientos del 8 de noviembre hayan sido presentados a los estadounidenses, hay una cosa que cada día es más cierta acerca del país que gobernará Donald Trump. Olvidemos a Valdimir Putin y su destartalado petro-estado: en este momento, el país más peligroso del planeta es el nuestro. Conducido por un hombre que –aparte de la forma de manipular a los medios (en lo que es un genio innato)– sabe bien poco y, al menos en parte, por los frustrados generales provenientes de la guerra estadounidense contra el terror, es probable que Estados Unidos sea un país más extremo, beligerante, irracional, obsesivo; un país que cuenta con unas fuerzas armadas poderosamente pertrechadas, financiadas en un nivel cada vez mayor –al que ningún otro país puede siquiera acercarse– y con pasmosos poderes para intervenir, interferir y reprimir.
No es un cuadro muy atractivo. Aun así, es apenas una introducción a lo que indudablemente debería ser considerado lo más importante del Estados Unidos de Donald Trump: con todo lo que sabemos de la historia golpista de la CIA y la tradición de cambios de régimen por la fuerza de las armas, ¿podría también Estados Unidos hacer pedazos un planeta? Si, en lo más alto de lo que ya es el segundo país emisor de gases de efecto invernadero del mundo, Trump lleva adelante las futuras políticas energéticas que prometió durante la campaña electoral –desfinanciar las ciencias relacionadas con el clima, denunciar o ignorar los acuerdos contra el cambio climático, quitarle importancia al desarrollo de energías alternativas, dar luz verde a los oleoductos y al fracking, alentar aún más otras formas de extracción de combustibles fósiles y repensar completamente a Estados Unidos para convertirlo en la Arabia Saudí de América del Norte–, estará efectivamente iniciando una acción de cambio de régimen contra el planeta Tierra.
Todo lo demás que pueda hacer la administración Trump, incluso introducirnos en un periodo de autocracia estadounidense, formaría parte inherente de la historia de la humanidad. Los despotismos vienen y van. Los déspotas surgen y mueren. Las rebeliones estallan y fracasan. Las democracias un día funcionan y un día dejan de funcionar. La vida continúa. Sin embargo, el cambio climático no tiene nada que ver con todo eso. Puede formar parte de la historia del universo, pero no de la historia humana. En cambio, puede ser un factor decisivo en la Historia. Lo que nos haga la administración Trump en los venideros años puede dar lugar a un periodo muy negro pero será algo pasajero, al menos en comparación con la posible desestabilización total de la vida sobre la Tierra y de la historia tal como las hemos conocido en los últimos miles de años.
Esto, por supuesto, eclipsa al 11-S. En última instancia, el triunfo electoral del 8-N podría llegar a ser el impacto de una vida, de cualquier vida, durante muchísimos años. Este es el peligro que está ante nosotros desde ese día; no nos equivoquemos, puede ser devastador.
* El título (en inglés) del libro de Ch. Johnson es Blowback: The Costs and Consequences of American Empire, que podría traducirse como “Retroceso: el costo y las consecuencias del Imperio estadounidense”. (N. del T.)
Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro más reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

“La autopsia confirmó que no fue suicidio”


La sospechosa muerte de un joven preso en Jujuy, sobrino de un dirigente ligado a Milagro Sala
Página/12

Los peritos forenses indicaron que Nelson Cardozo murió por golpes y, según el abogado de la víctima, luego se intentó “simular su suicidio”. Fueron imputados el subdirector y siete agentes del Servicio Penitenciario de la provincia gobernada por Gerardo Morales.

El sobrino de Alberto Cardozo, uno de los presos políticos vinculados a la Tupac Amaru, no se suicidó en la celda en la que estaba encerrado, como había informado el Servicio Penitenciario de Jujuy. Según confirmó la autopsia realizada ayer, el joven murió producto de golpes recibidos en el pecho y en la cabeza. Quienes lo asesinaron intentaron “simular su suicidio”, reconstruyó el abogado de la víctima. Por el hecho, fueron imputados el subdirector del Servicio Penitenciario local, Ramón Ruiz, y los siete oficiales penitenciarios que estaban a cargo del pabellón 3 del penal de Gorriti, donde sucedieron los hechos.
“La autopsia finalmente confirmó que no fue suicidio lo de Nelson (Cardozo), sino que lo suicidaron”, dijo Segundo Soria, quien defendió al joven mientras estuvo preso y que ahora permanece “atento al procedimiento” que el Poder Judicial y la policía jujeña realizan en torno a su muerte.
El informe oficial, realizado por el médico forense del Poder Judicial jujeño Guillermo Robles Ávalos, concluyó que Cardozo falleció producto de golpes recibidos “en el cuerpo y la cabeza”, detalló Soria. Y agregó más datos: “Los golpes que tiene en el cuello, que son marcas, fueron realizados post mortem, es decir que quisieron disimular el asesinato y hacerlo pasar como que se había ahorcado”.
La confirmación del análisis forense, encargado por el fiscal de Investigaciones Nº 6 de Jujuy, Gustavo Araya –el juez de Control es Isidoro Cruz–, “destierra por completo la versión sobre suicidio que quiso ser instalada de parte del Servicio Penitenciario”, opinó el abogado.
Tras recibir el informe, el fiscal ordenó el secuestro de documentación del penal y redireccionó su investigación hacia la figura del homicidio y “avanza para saber los motivos”, informaron desde su entorno. La línea apunta a una interna entre presos para “saldar deudas por el homicidio por el que estaba detenido” Cardozo, deslizaron las fuentes judiciales ante consultas de PáginaI12. Descartaron por el momento contar con elementos que confirmaran los rumores que circulaban ayer: que Cardozo había sido asesinado por negarse a denunciar a la dirigente de la Tupac Amaru Milagro Sala.
Araya imputó por incumplimiento de los deberes de funcionario público al subdirector del Servicio Penitenciario de Jujuy y a los siete oficiales que estaban a cargo del pabellón 3, en donde Cardozo fue hallado muerto. No descarta sumar luego la figura de encubrimiento, pero “por el momento no hay pruebas. Sí ha quedado claro que han sido completamente incompetentes y negligentes en sus funciones”, agregaron las fuentes judiciales. Ayer estuvieron detenidos hasta las 20, cuando el fiscal decidió liberarlos.
Fueron dos actitudes de los funcionarios penitenciarios las que cuestionó Araya. La primera fue la demora en darle aviso a la Justicia. El joven fue hallado muerto a media mañana –ayer se supo que falleció a las 8–, pero Ruiz recién advirtió al Poder Judicial a las 15 del martes. La otra es la certeza con la que comunicaron el suicidio. “A mí no me consta que sea un suicidio, hay que esperar a realizar la autopsia y determinar las verdaderas causas del fallecimiento de esta persona”, había informado el martes el fiscal en una conferencia de prensa. Su olfato no falló.
Nelson Cardozo tenía 21 años y desde enero pasado estaba preso condenado por homicidio calificado, delito que había confesado. En la mañana del martes fue hallado muerto en la celda que ocupaba. Tenía heridas visibles en su cuello. En pocas horas, el penal implosionó en un motín con el que los internos reclamaron mejoras en las condiciones de encierro y en los tratos a los familiares y amigos que acuden a visitarlos. Ayer sumaron sus denuncias un conjunto de mujeres detenidas en el penal de Alto Comedero, en donde permanece detenida Milagro Sala (ver aparte). El personal penitenciario de la UP Nº 1 reprimió la protesta y varios presos resultaron heridos. También atacó a los familiares que acudieron a la puerta del penal.
Nelson Cardozo era sobrino de Alberto “Beto” Cardozo, que integra junto a Sala el grupo de presos políticos en la provincia gobernada por Gerardo Morales. El hombre, referente de la agrupación Tekuré –integra junto a la Tupac la Red de Organizaciones Barriales– cumple prisión preventiva por intento de homicidio en el mismo penal en donde su sobrino fue asesinado y en el marco de la causa que se convirtió, anteayer, en la nueva acusación contra Sala. El juez Pablo Pullen Llermanos lo mandó a detener a mediados de este año por un hecho que Alberto Cardozo había denunciado, en 2007, cuando dos hombres lo atacaron a balazos. Uno de esos hombres, Jorge Paes, estuvo encerrado hasta hace algunos días: fue sobreseído tras implicar a Sala en los hechos. Pullen Llermanos la procesó anteayer como coautora del homicidio agravado por precio o promesa remuneratoria de Cardozo. En ese ir y venir, Cardozo denunció que él también recibió presiones para inculpar a Sala en diversos delitos a cambio de su libertad.

“Quieren desaparecernos para adueñarse de nuestros territorios”


Entrevista a Miriam Miranda, coordinadora de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh)
Alba Sud /Rel-UITA

En conversación con Alba Sud, la dirigente garífuna y coordinadora de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh) dibuja un escenario preocupante ante el avance del modelo extractivista en Honduras

Miriam Miranda asegura que las industrias extractivas no sólo ponen en riesgo el futuro de territorios y bienes comunes, sino que aceleran el proceso de desaparición de los pueblos indígenas. Los proyectos de viviendas con fines turísticos destacan entre las más recientes formas de despojo.

¿Qué está ocurriendo en el litoral atlántico hondureño, donde desde hace más de dos siglos se ha establecido el pueblo garífuna?

La historia del pueblo garífuna es dramática. Hemos sufrido dos destierros: el primero de África a San Vicente y luego hacia Honduras. Una historia, la nuestra, que está marcada por la persecución, la violencia, la violación de los derechos fundamentales como seres humanos. Sin embargo, somos un pueblo que resiste y hemos sabido mantener nuestra identidad, cultura e idioma. Y no es poco.

Ahora nos estamos enfrentando a un tercer destierro, que significa la desaparición forzada de nuestras comunidades. Un nuevo proceso de despojo impulsado por el gran capital nacional y transnacional en colusión con autoridades locales y nacionales, a través de la implementación y profundización del extractivismo.

¿A qué te refieres cuando hablas de extractivismo?

Me refiero a un modelo económico basado en la depredación, que acapara territorios, saquea los bienes comunes y criminaliza las luchas de resistencia. Proyectos mineros y petroleros, represas, expansión de monocultivos a gran escala, implementación de las Zonas Especiales de Desarrollo Económicos (ZEDE), mejor conocidas como “ciudades modelo”. Me refiero también a los complejos turísticos y los proyectos de viviendas con fines vacacionales.

El golpe de Estado de 2009 ha creado condiciones propicias para concesionar territorios y bienes comunes a favor del gran capital transnacional, que para desarrollar su proyecto de despojo necesita de más y más tierra. Y más precisamente de nuestras tierras, que nos arrebata con el engaño, la corrupción, la violencia.

¿Qué papel está jugando el “turismo” en toda esta situación?

No se trata de satanizar al turismo. En nuestra concepción, el turismo es visita, es conocer, es compartir e intercambiar, es encuentro. El problema surge cuando el capital pretende adueñarse de este concepto y de esta práctica, alterando su significado más profundo y convirtiéndolo en mercancía absoluta. Hay muchos ejemplos donde el turismo todavía mantiene sus raíces, su concepto de acoger al otro, de compartir con él y aprender mutuamente.

Por el contrario, el “turismo del capital” es irrespetuoso y se ha convertido en una clara forma de despojo, de destrucción cultural, que desplaza comunidades y arrebata el futuro a miles de personas. Lo estamos viendo muy claramente tanto con los complejos hoteleros como con la construcción de villas, residenciales y de complejos habitacionales vacacionales.

Como el modelo del megaproyecto turístico se ha agotado, a las compañías se les está volviendo difícil recuperar sus inversiones, y deciden combinar el turismo hotelero con el turismo residencial, despreocupándose del tejido social existente en la zona.

Es lo que está pasando en la Bahía de Trujillo, donde inversores canadienses han venido apropiándose ilegalmente de territorios ancestrales garífunas, para desarrollar grandes complejos de viviendas con fines turísticos. O también en la comunidad garífuna de Sambo Creek, donde un proyecto turístico desarrollado por extranjeros ya está entrando en competencia con el derecho al agua de la comunidad.

¿Las comunidades garífunas se sienten amenazadas?

Muy amenazadas. Nos sentimos constantemente en peligro. Acaparamiento de tierras, saqueo de los bienes comunes y destrucción ambiental van de la mano de la corrupción que ha penetrado la política y las instituciones locales y nacionales. La municipalización de territorios y comunidades, por ejemplo, se ha convertido en una de las principales estrategias de despojo.

¿Cómo se están organizando?

Estamos luchando contra un monstruo. Tenemos que trabajar fuertemente el tema de la gobernabilidad, de la soberanía, ejerciendo el control territorial, impulsando formas de autogestión y autogobierno. También debemos crecer en conocimientos, fortalecer la organización, radicarnos más en los territorios, restándoles poder a las autoridades municipales y las estructuras comunitarias corruptas, y fortaleciendo las asambleas como máxima autoridad. Debemos reapropiarnos del significado de vivir en un territorio que es el que nos da la vida. Sólo así vamos a lograr que se respeten nuestros derechos.

¿Qué significado tiene, en este contexto, la reocupación de tierras?

Significa reocupar lo que hemos tenido históricamente. El pueblo garífuna tiene sus territorios ancestrales donde siempre ha trabajado la tierra para vivir de ella y de sus productos. Hoy en día es frecuente escuchar a personas ancianas que te dicen que su “trabajadero”[1] era justo adonde ahora está esa gran mansión o ese complejo residencial.

La situación de pobreza es terrible y hay miles de jóvenes que no tienen futuro, no tienen donde vivir y están obligados a emigrar. Familias que se mueren de hambre. Y entonces la gente vuelve a mirar a lo que siempre fue suyo y quiere recuperarlo para poder tener una vida digna. Tenemos posesión ancestral territorial y lo que estamos haciendo es reocupar lo que nos corresponde. No importa si estas tierras fueron vendidas, porque nunca hubo autorización de la comunidad y, por ende, son ventas ilegales.

La Ofraneh va a seguir acompañando estos procesos, aunque pueda costarnos caro, hasta la vida. Unidad y solidaridad son fundamentales para contrarrestar esta visión de “falso desarrollo” que es racista, machista, discriminatorio y colonialista. Tenemos que luchar para recomponer, desde nuestras entrañas, lo que somos. Para volver a una cultura donde prima la solidaridad, la complementariedad y la ayuda mutua, y no el individualismo más brutal que nos inculca este sistema depredador. Esta es la apuesta de la Ofraneh.

Nota:

[1] “Trabajadero” era el erreno donde se producían alimentos para la familia.

Fuente: ALBA SUD

Este artículo se realiza en el marco del proyecto "Turismo responsable, derechos humanos y trabajo decente" ejecutado por Alba Sud con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona - Programa Barcelona Solidaria convocatoria 2015. 

Ganar elecciones traicionando a la montaña



Hace aproximadamente cuarenta años, cuando se hablaba de sandinismo en Nicaragua, de inmediato se pensaba en un movimiento social amplio, lleno de jóvenes que se rebelaban contra el imperialismo y su representación en la dictadura de Somoza. El comandante Daniel Ortega fue también uno de esos jóvenes que estuvieron dispuestos incluso a morir en los momentos revolucionarios. Formó parte de la dirigencia sandinista que condujo al movimiento revolucionario a la victoria frente a la dictadura de Somoza. Encabezó, junto con los demás comandantes del FSLN, la toma de decisiones para formar un gobierno revolucionario que impulsara fuertes transformaciones sociales e hiciera frente al imperialismo. Sin embargo, lo que hoy existe como FSLN, convertido en partido político, no tiene en común con el movimiento revolucionario más que su nombre y algunas caras de dirigentes corruptos i.
Ortega mismo no tiene ya nada que lo pueda catalogar como un dirigente revolucionario. No está interesado en lograr con su mandato ningún tipo de transformación profunda en Nicaragua, sino mantener el estado de cosas que favorece a los líderes corruptos del FSLN, y a los empresarios aliados a su grupo de poder. Las masas de trabajadores y campesinos se convierten, para el FSLN ahora en el gobierno, en un factor de poder que puede ser movilizado desde arriba para legitimar el modo de dominación y no cambiar nadaii. Las bases populares de las que depende el presidente se vuelven agentes prácticamente conservadores, y lo son realmente en asuntos como derechos civiles para las minorías, defensa del medio ambiente, o derechos sociales para los excluidos de la fiesta del nuevo sandinismo que podríamos llamar orteguista.
Los viejos enemigos del sandinismo y aliados de la dictadura somocista hoy mantienen sanas relaciones con el presidente. Tal es el caso de algunos prominentes representantes del capital privado y el alto clero católico, nuevos factores de estabilidad para el régimen que se identifica y gobierna cada vez más para las élitesiii iv. Para comprender la situación actual de un movimiento de liberación nacional como lo fue el sandinismo, se esbozan dos explicaciones: la trampa de la oligarquía electoral y el abandono de la montaña como espacio del poder revolucionario.
Política de izquierda para las elecciones
Como partido político, sus únicos objetivos parecen ser los de ganar elecciones cada cierto tiempo. Para lograr este objetivo se vuelve necesario garantizar por un lado la movilización o acarreo de votantes hacia las urnas y la supresión de los derechos políticos de la oposición por otrov. Más que competir en el ámbito electoral, generar cuadros activos de agitación política revolucionaria, o combatir la ideología del imperialismo, al FSLN le interesa gobernar. Y gobernar para los orteguistas significa apoderarse de recursos para mantener un estilo de vida cómodo tanto tiempo como sea posible.
Una vez más Ortega gana la presidencia en Nicaragua, pero el abstencionismo en las elecciones alcanzó niveles jamás antes vistos. Se llega a plantear que superó el 70% de los votantes se ha abstenido en protesta por unas elecciones en las que, por un lado, no existe una alternativa radical en otros partidos, a la vez que se presenta una competencia desigual y deslealvi. Todo esto además sin la presencia de observadores internacionales, y con la escandalosa candidatura a la vicepresidencia de Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega, Presidente y vicepresidente de Nicaragua son marido y mujer, consumando el dominio de una familia con sus aliados sobre absolutamente toda la dirección política del paísvii.
El sandinismo se convirtió en el movimiento que agrupó a las fuerzas de izquierda tras el triunfo de la revolución, representando una alianza de diferentes sectores y el desafío a los grupos dominantes. Durante y después de su experiencia de gobierno, muchos de los intelectuales, así como militantes radicales, abandonaron las filas del partido, especialmente tras la comprobación de la corrupción descarada de los políticos del sandinismo. Hoy buscan aglutinar, pero por la vía de la cooptación, la movilización de izquierda en el país. La retórica anti-imperialista se mantiene en el discurso exterior perteneciendo al ALBA, pero el papel de Nicaragua en América Latina no es el de movilización revolucionaria de los pueblos, ni representa ya ningún peligro el FSLN en la presidencia para los Estados Unidos. Al mismo tiempo se planea la construcción de un Canal para el paso interoceánico, destruyendo la naturaleza y otorgando enormes contratos de negocio a los aliados de Ortega viii.
Sin embargo, los orteguistas intentan ahora expropiar a los movimientos sociales el derecho de lucha política. Se produce una sistemática represión y censura a los que se oponen a los excesos del FSLN en el gobiernoix, acompañada de la autoproclamación de Ortega como dirigente ideológico del pueblo. Se utiliza la policía y brigadas motorizadas en las ciudades para intimidar a los manifestantes, o a la policía nacional para arrestar a los campesinos que se oponen a la construcción del Canal x xi.
No se trata aquí de afirmar que un movimiento social de izquierda necesite quedarse al margen de la lucha electoral, pero la tragedia de corrupción del FSLN es una clara imagen de lo que le ocurre a los movimientos sociales cuando se casan con el poder político como un fin en si mismo, utilizado para buscar y mantener privilegios. Esa es la trampa de la oligarquía en la que ha caído el orteguismo, misma trampa contra la que lucharon tantos jóvenes hace cuarenta años. En el fondo, la izquierda electoral dominante en Nicaragua se ha olvidado de lo que la hizo ser revolucionaria: la montaña como trinchera.
El sandinismo después de la montaña
La lucha en la clandestinidad urbana y la guerrilla en la montaña fueron fundamentales para el triunfo del sandinismo ante la dictadura. Y no solamente desde el punto de vista estratégico o militar, sino también de movilización política de un amplio movimiento. Participar de la lucha desde la clandestinidad o la montaña era abandonar las clásicas trincheras de la política oligárquica para construir, en contacto directo con los campesinos, el poder revolucionario. El FSLN tuvo como espacio de formación política fundamental la montaña, de aprendizaje para la lucha y compromiso para la liberación nacional cueste lo que cuestexii. Este espacio es el que ahora ha sido olvidado y traicionado por la presidencia.
Fue en la montaña donde Sandino inició su resistencia frente a la intervención norteamericana, donde el FSLN encontró impulso para construir una fuerza moral revolucionaria donde la solidaridad, más allá de cualquier pragmatismo, se descubrió como modo de lucha frente a las fuerzas militares de la dictadura. Ahora este espacio ha sido completamente olvidado para dar paso a la formación de una estructura política oligárquica de partido político tradicional. Daniel Ortega traicionó a la montaña por la comodidad del mandar desde arriba. Ortega presidente no está interesado en morir por la patria libre, sino en seguir viviendo a expensas de su pueblo, al que puede reprimir cuando es critico.
Pero Sandino regresó y sigue en la montaña. El sandinismo de hace cuarenta años sigue vivo mientras la montaña exista. Sigue vivo mientras existan jóvenes que critican el orteguismo que se ha apoderado del FSLN actualmente y busquen una transformación verdaderamente radical para la liberación de toda la nación Nicaragüense. Seguirá vivo el sandinismo mientras haya nicaragüenses que critican despiadadamente todo lo que existe, se organizan desde las bases, y se movilizan hacia la liberación nacional para generar espacios nuevos de lucha, más allá del mismo y vigente sistema de partidos contra el que se rebeló Augusto C. Sandino luchando hasta ser asesinado por la dictadura.
Notas:
i Le Lous, Fabrice. “El origen del poder de Daniel Ortega” [en línea]. En La Prensa (17 de julio, 2016). http://www.laprensa.com.ni/2016/07/17/suplemento/la-prensa-domingo/2068840-el-origen-del-poder-de-ortega
ii Clajadep. “Hoy el FSLN es una masa danielista. Entrevista al escritor Henry Petrie” [en línea]. En LaHaine.org http://clajadep.lahaine.org/?p=8219
iii ACAN-EFE. “Ortega propone a cardenal Obando como ‘Prócer Nacional’” [en línea]. En La Prensa (2 de febrero, 2016). http://www.laprensa.com.ni/2016/02/02/nacionales/1979883-gobierno-de-nicaragua-propone-a-cardenal-obando-como-procer
iv Núñez, Rogelio. “Daniel Ortega y sus sólidas alianzas político-empresariales” [en línea]. En I nfolatam (20 de junio, 2016). http://www.infolatam.com/2016/06/21/daniel-ortega-y-sus-solidas-alianzas-politico-empresariales/
v Olivares, Iván. “Poca afluencia y ‘acarreo’ de votantes” [en línea]. En Confidencial (6 de noviembre, 2016). http://confidencial.com.ni/poca-afluencia-acarreo-votantes/
vi Cerda, Arlen. “El mazazo de la abstención” [en línea]. En Confidencial (12 de noviembre, 2016). http://confidencial.com.ni/mazazo-la-abstencion/
vii Martínez Ahrens, Jan. “La corte de los Ortega” [en línea]. En El País (6 de noviembre, 2016). http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/daniel-ortega-rosario-murillo/
viii Miranda Aburto, Wilfredo. “FIDH: ‘grave impacto de concesión canalera’” [en línea]. En Confidencial (15 de octubre, 2016). http://confidencial.com.ni/fidh-grave-impacto-concesion-canalera/
ix EFE. “Nos quieren intimidar para que no protestemos” [en línea]. En Confidencial (19 de noviembre, 2016). http://confidencial.com.ni/nos-quieren-intimidar-para-que-no-protestemos/
x Vílchez, Dánae. “Balas, bombas y represión policial contra campesinos” [en línea]. En Confidencial (1 de diciembre, 2016). http://confidencial.com.ni/balas-bombas-represion-policial-campesinos/
xi Buitrago, Ilich, et al. “Piden cambios en el CSE” [en línea]. En La Prensa (29 de julio, 2015). http://www.laprensa.com.ni/2015/07/29/nacionales/1874458-bloquean-vias-por-miercoles-de-protesta-en-managua
xii Cabezas, Omar. La montaña es algo más que una inmensa estepa verde. México: Siglo XXI, 1982
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.